DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

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DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C

Silencio y Vida: Lc. 17, 11-19 Los diez lepresos

 

Nº 670 – XXVIII Domingo del T.O. – Ciclo C – 9 de Octubre de 2022

 

LA LEY QUE MATA

 

San Lucas nos describe la escena con detalles que se nos escapan a los que no estamos muy enterados de las leyes que ordenaban el estatuto social de los leprosos. Pero es necesario detenernos en esos detalles, así descubriremos la novedad que trae Jesús respecto a los comportamientos meramente legalistas,

En primer lugar el evangelista nos dice que los leprosos, que deseaban pedir la curación a Jesús, «se pararon a lo lejos». Respetaban, de este modo, la prohibición que recaía sobre los leprosos de no acercarse a los poblados ni a los caminos.

La actitud de Jesús rompe el contexto legal pues les habla y les da un consejo que los llevará a la curación: «Id a presentaros a los sacerdotes».

Se realiza la curación prometida y el grupo se rompe. Nueve de ellos siguen el camino de la ley que obliga a al leproso, que se cure, a presentarse a un sacerdote para que le dé el certificado de que está curado y pueda ser admitido de nuevo en sociedad.

El décimo, precisamente samaritano, no hace caso a la ley y vuelve hacia atrás al encuentro con Jesús. La acogida que le dispensó Jesús tuvo que desconcertar a los escribas y fariseos pues alabó su comportamiento y añadió: «Los otros nueve, dónde están? No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?».

La queja de Jesús debe plantearnos una revisión de nuestra vida cristiana. Veamos si nos comportamos con un frío sometimiento a la ley o, más bien, con la espontaneidad de un corazón agradecido, que se sabe ante un Dios, que se estremece más ante un pecador agradecido por el perdón recibido, que ante un observante de la ley que se cree con derechos ante Él.

Antonio Luis Martínez, Semanario «Iglesia en camino», nº 269

 

Palabra de Dios

 

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14-17

 

En aquellos días, el sirio Naamán bajó y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio. Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel. Recibe, pues, un presente de tu siervo». Pero Eliseo respondió: «Vive el Señor ante quien sirvo, que no he de aceptar nada». Y le insistió en que aceptase, pero él rehusó. Naamán dijo entonces: «Que al menos le den a tu siervo tierra del país, la carga de un par de mulos, porque tu servidor no ofrecerá ya holocausto ni sacrificio a otros dioses más que al Señor».

 

Salmo 97: El Señor revela a las naciones su salvación

 

V/. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R/.

V/. El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R/.

V/. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R/.

 

Lectura de la 2º carta de san Pablo a Timoteo 2, 8-13

 

Querido hermano: Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús. Es palabra digna de crédito: Pues si morimos con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

 

+ Lectura del santo Evangelio según s. Lucas 17, 11-19

 

Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

 

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