DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO: ‘¡Levántate!’

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO: ‘¡Levántate!’

 La realidad no se puede negar. Nuestro mundo es como lo describía Jesús en una de sus parábolas: un campo en el que se mezclan el trigo y la cizaña, el bien y el mal…

   Este comentario dominical se despide hasta mediados de septiembre. ¡Feliz verano!




‘¡Levántate!’

 

   La realidad no se puede negar. Nuestro mundo es como lo describía Jesús en una de sus parábolas: un campo en el que se mezclan el trigo y la cizaña, el bien y el mal.

   El mal, en todos sus aspectos y dimensiones, nos rodea y nos causa desazón. Cuántas veces, viendo el telediario, no podemos menos de exclamar: Pero, ¿es que no hay en el mundo una noticia buena? Nos duelen tantas guerras, violencias y muertes; nos desazonan tantos millones de gentes forzados a huir de su tierra para sobrevivir en un campo de refugiados o malvivir de la mendicidad; nos horrorizan los fanatismos que persiguen, secuestran y matan; nos conmueven tanto dolor, enfermedad y sufrimiento como hay en la sociedad…

   Con esta situación tan negra chocan las palabras del libro de la Sabiduría (1ª lect.): Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera: las criaturas del mundo son saludables. El libro de la Sabiduría recoge la tradición del Génesis: la creación que brota de las manos de Dios está llena de bondad y de belleza, pero, el mal, sin embargo, se introduce en ella y la envuelve. En el proyecto divino estamos destinados a la vida, pues Dios es un Dios de vida y no de muerte; pero la injusticia y el pecado tuercen los proyectos del Creador y enturbian las relaciones entre los hombres.

   ¿Qué nos dice hoy el evangelio?  Jesús se encontró con una situación de dolor y de enfermedad, de injusticia y opresión, de marginación y exclusión, de destrucción y de muerte muy semejante a la nuestra; pero él, lejos de dejarse llevar del desánimo y de caer en la tentación del derrotismo, confió en el Dios de la vida y puso manos a la obra para luchar contra el mal que afectaba de manera especial a los pobres, pequeños y marginados.

   Hoy, los relatos de la sanación de la mujer que padecía hemorragias, y de la resurrección de la hija de Jairo ponen de relieve una vez más la actitud de Jesús frente al mal. Él no es un milagrero que busca la admiración y el aplauso; él es un sembrador de bondad y de bien, de salud y de vida.

   En los dos gestos de sanación y de vida que hoy narra el evangelio, hay un denominador común: la fe profunda en Jesús, mensajero del Dios de la Vida.

   -Hija, tu fe te ha curado,  dice Jesús  a la mujer.

   -No temas, basta que tengas fe, le pide al padre de la niña.

   Al igual que el domingo pasado (‘¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?’) Jesús nos está pidiendo confianza en él y que no nos dejemos dominar del pesimismo. Además nos está invitando a que, confiando en  su fuerza y ayuda, echemos, como él lo hizo, una mano que aporte sanación  a nuestro ambiente enfermo.  

   Si estamos postrados y ‘dormidos’ por la desilusión o el desánimo, por la enfermedad o el dolor, Jesús, como a la niña del evangelio, nos coge de la mano  y nos dice Talitha qumi: ¡contigo hablo, levántate! ¡Levántate! y sé sembrador de vida, de bondad, de paz, de alegría

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Queridos feligreses:

                                      El verano nos trae el merecido descanso. También la Hoja parroquial se lo merece; por eso, se despide hasta mediados de septiembre, deseándoos a todos los miembros de nuestra querida parroquia que el tiempo veraniego no solo sea  ocasión  para reparar fuerzas, sino que nos ayude a profundizar en la relación con Dios y a fortalecer la armonía personal y familiar.

   ¡Feliz verano!  Con todo afecto:

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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