Domingo VI de Pascua: ‘El que me ama guardará mi palabra’

Domingo VI de Pascua: ‘El que me ama guardará mi palabra’

El Evangelio de hoy nos sitúa de nuevo en la Última Cena, cena de despedidas, de confidencias y de promesas. Jesús nos abre la intimidad y riqueza de su corazón y nos dice que guardar su palabra es señal de que le amamos …

El Evangelio de hoy nos sitúa de nuevo en la Última Cena, cena de despedidas, de confidencias y de promesas. Jesús nos abre la intimidad y riqueza de su corazón y nos dice que guardar su palabra es señal de que le amamos; promete enviarnos el Espíritu Santo como Defensor y Maestro, y  nos da su paz para confortar nuestro temeroso corazón.

   Nos detenemos en el primer punto, esto es, en la importancia tan grande que tiene para Jesús el que guardemos su palabra ya que eso será señal de que le amamos y, en consecuencia, el Padre nos amará; más aún, entonces él y el Padre harán morada en nosotros.

   Guardar la palabra de Jesús. Esta fue precisamente la actitud de María –la gran oyente de la palabra- que guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón (Lc 2, 19).

   ¿Somos nosotros oyentes de la palabra? El Concilio Vaticano II nos exhorta vivamente a todos los cristianos a que aprendamos el sublime conocimiento de Cristo con la lectura frecuente de las divinas Escrituras, pues, recordándonos una frase de san Jerónimo, nos dice que desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo.

   No cabe la menor duda de que, a pesar de los pasos dados, nos queda mucho camino  por recorrer en el aprecio y contacto con la Biblia. La palabra de Dios no ocupa el lugar privilegiado que debería tener en nuestras vidas; esa puede ser una de las razones por la que no progresamos  más y más en el conocimiento de Cristo.

   ¿Cuántos de entre nosotros guardamos la palabra del Evangelio, alimentando con ella diariamente nuestra oración y comunicación con Dios? Es necesario convertirnos a la palabra de Dios, conocerla, frecuentarla, amarla y hacer de ella nuestro libro de cabecera. San Jerónimo hacía en una carta  esta recomendación: Lee con mucha  frecuencia las Sagradas Escrituras, aprende lo más posible y que el sueño te sorprenda con el libro en la mano y caiga tu rostro sobre la página santa. El recordado y entrañable  papa san Juan XXIII decía que la Biblia debe ser el libro de la familia.

   Guardar la palabra de Jesús impregnará nuestra vida y nos llevará a ponerla en práctica. Imposible olvidar la afirmación de Jesús: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica. Escuchar y poner en práctica las palabras de Jesús significa, como él mismo nos dice, que estamos construyendo sensatamente nuestras vidas sobre roca firme.

   Guardar y cumplir su palabra, insiste hoy Jesús, es señal de que le amamos y, en cambio,  el no guardarla entraña desamor.

   De todo ello se desprende una pregunta muy sencilla que tenemos que hacernos: ¿Guardo, meditándola en mi corazón, la palabra de Jesús y alimento con ella mi vida de fe? Si nuestra respuesta es afirmativa, se hará realidad en cada uno de nosotros la promesa de Jesús: El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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