Domingo V Cuaresma: ‘¡Cómo lo quería!’

Domingo V Cuaresma: ‘¡Cómo lo quería!’

   Nueva catequesis bautismal mediante el relato de la resurrección de Lázaro. Dios, en el bautismo, nos regala el don de la vida nueva, haciéndonos hijos suyos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos suyos, ¡pues los somos! (1 Jn 3, 1).

 

   La imposición de la vestidura blanca en el bautismo se acompaña con estas palabras: Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Este don de la vida nueva nos asemeja a Cristo, Camino, Verdad y Vida…

   Nueva catequesis bautismal mediante el relato de la resurrección de Lázaro. Dios, en el bautismo, nos regala el don de la vida nueva, haciéndonos hijos suyos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos suyos, ¡pues los somos! (1 Jn 3, 1).

   La imposición de la vestidura blanca en el bautismo se acompaña con estas palabras: Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Este don de la vida nueva nos asemeja a Cristo, Camino, Verdad y Vida.

   La Palabra de Dios hoy es un canto a la vida y a la esperanza, y una llamada a que seamos nosotros también sembradores de vida y esperanza.

   El profeta Ezequiel intenta levantar el ánimo del pueblo de Israel que se siente hundido en el destierro de Babilonia. En su abatimiento el pueblo clama: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza. Estamos perdidos; pero el profeta, en nombre de Dios, le trasmite este mensaje: Pondré mi espíritu y viviréis.

   El Evangelio narra que Marta y María también estaban desilusionadas y doloridas por la muerte de su hermano Lázaro; así se la hace ver Marta a Jesús cuando llega a Betania, y le reprocha su ausencia: Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.

   A nosotros también nos invade la desilusión ante las situaciones de desamparo y de dolor, de injusticia y de pobreza, de violencia y de muerte en que nos hallamos envueltos. Como al pueblo de Israel, como a Marta y a María, nos duele la ausencia del Señor y le reprochamos por qué no nos echa una mano.

  La situación  en que vivimos está oscura. El mundo vive en vilo por temor a los fanatismos radicales que no cesan de sembrar violencia y muerte. No reina el optimismo en el ambiente. La crisis económica y social no acaba de desvanecerse. El paro y el desempleo siguen afectando a muchas personas y familias. Al recorrer nuestras calles y ver que se siguen cerrando tiendas  y negocios, uno no puede reprimir  sentimientos de tristeza y de pena.

   ¿Permanece Jesús ausente y ajeno a la situación de la sociedad?

   Cuenta el Evangelio que, al ver llorar a Marta y a María, Jesús se conmueve y llora.  No permanece impasible ante la tumba de su amigo Lázaro, sino que, lleno de emoción, solloza; tanto es así que los judíos comentan: ¡Cómo lo quería!

   No. Jesús no permanecía ajeno al dolor de sus amigos ni al sufrimiento de las gentes de su tiempo. Todo lo contrario. Como tampoco lo permanece ahora, sino que está al lado de la gente de nuestro tiempo sufriendo con el que sufre y llorando con el que llora.

Como a Marta nos dice: Tu hermano resucitará. El mal y la muerte serán vencidos porque Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?

   Pero al mismo tiempo que nos pide confiar en él,  nos está sugiriendo que nosotros seamos las manos mediante las cuales él actúa y que, como él, pongamos vida y esperanza donde hay signos de muerte y desesperanza.

  

   Es lo que nos recuerda hoy Cáritas con la celebración de la  Campaña contra el Paro cuyo lema este año es: LA IGLESIA AL SERVICIO DE LAS PERSONAS.

   Resulta alentador comprobar el compromiso de la Iglesia por aliviar y dar vida a las personas excluidas y marginadas y, en concreto, a las que sufren desempleo: Cáritas diocesana de Madrid acoge, motiva y capacita a las personas desempleadas para la búsqueda de un trabajo, denunciando, a la vez, las situaciones de injusticia para que el trabajo sea un trabajo digno. En el año 2016, Cáritas acogió y acompañó a 8.035 personas, de las cuales formó y capacitó a 1.172, y para ello contó con 523 voluntarios‘.

  

   La fe en Jesús, que llena nuestro corazón de vida y esperanza, nos tiene que llevar a ser, en expresión del Papa, ‘personas cántaros’, personas que derraman bálsamo de vida en las heridas del hermano.

  

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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