DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO:

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO:

El tercer domingo de Adviento nos pide que abramos la puerta a la Luz para ser, como Juan Bautista, ‘testigos de la Luz’. Así seremos sembradores de esperanza y alegría. Eso es lo que pretende nuestra parroquia con su proyecto de LOS DESAYUNOS DE LOS NIÑOS DE KINSHASA …

PALABRA DE DIOS

 

Lectura del libro de Isaías 61,1-2a.10-11

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.

Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren,

   para vendar los corazones desgarrados,

   para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.

Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios:

   porque me ha vestido un traje de gala

   y me ha envuelto de un manto de triunfo,

   como novio que se pone la corona o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.-

 

Salmo responsorial Lc 1,46 ss R/. Marana tha! ¡ Ven, Señor Jesús!

*Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi   

 salvador;/ porque ha mirado la humillación de su esclava. / Desde ahora  

 me    felicitarán todas las generaciones.

*Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo,

 y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

*A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

 Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.

 

Lectura de la 1ª carta del apóstol san Pabloa los Tesalonicenses 5,16-24

   Hermanos: ¡Estad siempre alegres!

   Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto a vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.-

 

Aleluya. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres. Aleluya.

 

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1,6-8.19-28

   Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz, sino testigo de la luz.

   Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: -¿Tú quién eres?

   Él confesó sin reservas: -Yo no soy el Mesías.

   Le preguntaron: -¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías? Él dijo: -No lo soy.

   -¿Eres tú el profeta? Respondió: -No.

   Y le dijeron: -¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo? Él contestó: -Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

   Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: -Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? Juan les respondió: -Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

   Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.-

 

COMENTARIO

Si el domingo pasado la Palabra de Dios nos pedía ser portadores de consuelo, hoy nos invita a que seamos creadores de esperanza: Abrid las puertas para crear esperanza, es el lema de este tercer domingo de Adviento. Si engendramos esperanza en nuestro alrededor, necesariamente estaremos haciendo brotar el gozo y la alegría en los corazones. Estad siempre alegres, nos exhorta hoy san Pablo.

   El Señor a quien con tanto anhelo esperamos, fue y es el gran sembrador de esperanza en nuestro mundo, pues, como nos recuerda el profeta Isaías. el Espíritu del Señor está sobre Él, porque el Señor le ha ungido.

El Señor ha elegido y enviado a Jesús, como señala la profecía, para derramar buenas noticias en las situaciones dolorosas y necesitadas de ayuda, de consuelo y de sanación: Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.

   Todos recordamos cómo el mismo Jesús, en la sinagoga de Nazaret, se aplicará a sí mismo esta profecía, diciendo: Hoy se ha cumplido el pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar (Lc 4,21).

Jesús, dicen los Hechos de los Apóstoles, pasó haciendo el bien y, al anunciar la buena noticia del reino de Dios, hizo sentir la bondad, la cercanía y la misericordia de Dios al pueblo sencillo y necesitado, curando a los enfermos, acogiendo a los pecadores y aliviando el dolor y la soledad de las gentes. Jesús estuvo cerca de los excluidos y marginados de la sociedad. Jesús amó entrañablemente a la gente y sembró en su corazón la semilla de la esperanza que germinó en alegría. Esta misión de Jesús nos corresponde ahora  continuarla a nosotros.

  

   El evangelio nos dice que Juan bautista no era la luz, sino ‘testigo de la luz’. Tampoco nosotros los cristianos somos la Luz, pero sí que la recibimos de Jesús para que seamos ‘testigos de la luz’: Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en el cielo (Mt 15,16).

Vivir el Adviento es continuar la misión de derramar luz, sembrando semillas de esperanza y creando así alegría. Son nuestras ‘buenas obras’ las que continúan la tarea de Jesús de hacer feliz a la gente.

  

   Desde hace muchos años nuestra comunidad parroquial viene llevando adelante con gran entusiasmo una ‘buena obra’, colaborando año tras año con nuestros misioneros del Congo y Mozambique. Se trata del proyecto de los Desayunos de los Niños de Kinshasa. Como decía el profeta Isaías el Espíritu del Señor está también  sobre nuestra parroquia para que anuncie un año y otro año la buena noticia a muchos niños a los que día a día nuestros misioneros dan de comer. Estamos creando, no nos quepa la menor duda, esperanza.

   Nuestro proyecto es ambicioso: conseguir 60.000€ al año. La parroquia siempre ha sido y sigue siendo enormemente generosa y esto hay que reconocerlo con enorme gratitud; pero, el año pasado, a pesar del esfuerzo de todos, no conseguimos la cantidad deseada. Nos quedamos más o menos en 40.000€.

   Sin duda hay factores que han tenido que ver con ello: la dichosa crisis que a todos afecta y quizás, principalmente, el que han fallecido generosos donantes que estaban muy comprometidos con el proyecto. A pesar de ello, es necesario reconocer una vez más el cariño que la comunidad parroquial profesa a este proyecto tan nuestro y misionero como con los Desayunos de los Niños de Kinshasa.

¡Dios ama a quien da con alegría! Un millón de gracias.

 

 

 

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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