DOMINGO PRIMERO DE ADVIENTO boletín parroquial

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Nº 528 – 1 de Diciembre de 2019 – I Domingo de Adviento / A

ADVIENTO, COMIENZO DE UN NUEVO AÑO LITURGICO

El centro de nuestra vida, eclesial y litúrgica, es el Señor Jesús. Él es el «sí» de Dios al sufrimiento y a la esperanza de los hombres. El año litúrgico es el recuerdo y la celebración en nuestro hoy del misterio de Aquel que en Él mismo ha llevado la humanidad a su única y verdadera plenitud. Lo celebramos cada año y tiene el peligro de la rutina y de la repetición de fiestas conocidas, tradicionales, muy estereotipadas (Navidad, Epifanía, Semana Santa, Pascua…).

El Adviento, preparación a la Navidad, es la celebración de la esperanza cristiana. Jesucristo, con su vida, muerte y resurrección ya ha traído la plenitud de la vida en Dios a los hombres y nos emplaza a nuestra fidelidad. Es, pues, una esperanza a la vez gozosa, segura y exigente; arraiga en el amor incondicional de Dios, huye de los optimismos frívolos, lleva al compromiso y tiende hacia la plenitud escatológica del momento definitivo de Dios.

Este domingo nos recuerda el horizonte último de la historia, que se identifica con la venida del Hijo del Hombre. Ahí se inscribe nuestra vida, se subraya la importancia de lo que está en juego y constituye una llamada a la seriedad. De aquí la recomendación a velar: con frecuencia nos dormimos, nada es automático, es necesaria una verdadera elección. A pesar del recuerdo de Noé y del diluvio, esta perspectiva no es fuente de miedo sino de gozo; se trata del encuentro definitivo con aquél que conocemos, con quien vivimos y que, finalmente, «será el árbitro de las naciones: «No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra».

PALABRA DE DIOS

 Lectura del libro de Isaías 2, 1-5

 Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén. En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén». Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

SALMO 121. R/. Vamos alegres a la casa del Señor.

 V/. ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R/.
V/. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R/.

V/. Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». R/.

V/. Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R/.

 

LECTURA DE LA CARTA A LOS ROMANOS 13, 11-14a

Hermanos. Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo.

Aleluya… Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.  Aleluya.

 LECTURA SEL SANTO EVANGELIO SEGUN SAN MATEO 24, 37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

RINCÓN LITÚRGICO

 ADVIENTO

 Con el adviento se inicia el Año Litúrgico. Del latín adventus, advenimiento. Es tiempo de súplica, de espera y esperanza, y de preparación de la Venida del Señor en su doble dimensión: en la humildad de la carne (Navidad) y en gloria (Parusía); por eso los textos litúrgicos de este tiempo nos hablan de los dos aspectos: del primer domingo hasta el día 16 de diciembre predominan los textos escatológicos (venida final) y, en cambio, del 17 al 24 los que preparan la Navidad.

Este tiempo dura cuatro semanas y sus figuras bíblicas son: el profeta Isaías (su palabra expresa el profundo anhelo de salvación que hay en el corazón del hombre), Juan Baustista (precursor y preparador de la venida del Mesías Salvador) y María (en ella se condensa toda la espera y esperanza de la humanidad, y es acogida para colaborar en el misterio de la Salvación). El adviento llama a la comunidad cristiana a vivir en vigilante y gozosa espera; por eso, su súplica más ferviente es: Marana tha (¡Ven, Señor Jesús!)

El color verde de la Corona de Adviento es signo de esperanza; sus cuatro velas (que se van encendiendo cada domingo) simbolizan nuestra actitud vigilante, y su forma redonda, la eternidad. Una quinta vela, que se enciende en la Noche Buena, señala que el Niño que nos ha nacido es la Luz del mundo.

 

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