Domingo IV de Pascua: ‘Nadie las arrebatará de mi mano’

Domingo IV de Pascua: ‘Nadie las arrebatará de mi mano’

El Evangelio de hoy es continuación de la alegoría del Buen Pastor. Jesús nos dice que él, a diferencia del pastor asalariado, da su vida por sus ovejas. Como suele ser habitual, sus palabras provocan en su auditorio reacciones encontradas …

El Evangelio de hoy es continuación de la alegoría del Buen Pastor. Jesús nos dice que él, a diferencia del pastor asalariado, da su vida por sus ovejas. Como suele ser habitual, sus palabras provocan en su auditorio reacciones encontradas. A quienes le acosan con sus preguntas no duda en decirles: ‘Vosotros no me creéis porque no pertenecéis a las ovejas de mi rebaño …,  porque mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen’.

   Jesús, con esta frase tan concreta y directa, nos está indicando ‘quiénes son de los suyos’ y cuál la actitud que deben tener: escucharle y seguirle.

   La primera condición para ser discípulo del Maestro es escuchar su voz. ¿Escuchamos la voz de Jesús? Nuestra fe debe vivirse y crecer en actitud constante de escucha al Señor como camino para conocerlo más y más, y así amarlo con más intensidad.

   Pero, ¿dónde nos habla? ¿dónde escuchar su voz? Sin duda alguna que su voz resuena en la oración personal y en la comunitaria,  alimentadas con la Palabra de Dios. Es un gozo y una riqueza participar en los grupos de lectura Creyente o Lectura Orante de la Palabra, compartiendo sentimientos y vivencias.

   Y la vida misma es un altavoz del Señor. El mundo entero y los hombres son un clamor de Dios, que se dirige a nosotros a través de ellos.

   La escucha de Jesús nos debe llevar a su seguimiento, acoplando nuestras vidas a la suya siguiendo sus pasos (‘me siguen’) y comprometiéndonos con él para crear un mundo mejor, más justo y fraternal.

   Hoy se celebra precisamente la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones con el lema La iglesia, madre de vocaciones. Todos somos Iglesia y en el seno de la iglesia somos llamados por Jesús a escuchar su voz y a seguirle en la vocación específica a la que él nos llama; y es en el seno de la iglesia, en comunión con los demás creyentes, donde nuestra vocación crece y se fortalece.

   Volviendo al Evangelio, conviene señalar que insistimos e insistimos en las exigencias del seguimiento, olvidando que las palabras de Jesús son también promesa de vida, de gozo y de felicidad. Hoy nos dice que a quienes  oyen mi voz y me siguen les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie los arrebatará de mi mano…, ni de la mano de mi Padre. Estar en manos del Padre es la gran  promesa que nos hace Jesús como respuesta a la profunda aspiración del corazón humano: Nos hiciste, Señor, para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti (San Agustín).                      

osvaldo Aparicio, ss.cc.
No hay comentarios

Inserte un Comentario