DOMINGO IV DE ADVIENTO – CICLO C

DOMINGO IV DE ADVIENTO – CICLO C

 

Nº 629 –  19 de Diciembre de 2021 – IV Domingo de Adviento – Ciclo C

 

Según la compresión de Lucas, sin fe no hay esperanza y sin esperanza no hay fe. Esto nos lleva a ver la gravedad de la situación humana, en sentido profundo, del hombre moderno que tiende a prescindir de esta dimensión religiosa de la esperanza.

¿Cómo podrá resolver el problema de las grandes esperanzas sin fe? Porque por encima de las pequeñas ilusiones que todos nos hacemos están las grandes esperanzas personales y globales: de vida y amor, de perdón… de convivencia libre y armónica, de justicia y paz… a las que el hombre desarrollado parece más indiferente a diferencia de las sociedades en desarrollo donde la necesidad abre a la esperanza y a la fe.

No es extraño que si la esperanza genera fe, ésta tenga su futuro entre los marginados del mundo y en los países del tercer mundo y que entren en crisis los ricos y las sociedades avanzadas, entretenidos en las ilusiones consumistas y temerosos de novedades que puedan introducir cambios en el actual reparto de beneficios del mundo.

 

LA FE, COSA DE MUJERES Y NIÑOS

Esta es la extendida frase de quien permite a su esposa y niños la asistencia religiosa mientras él se mantiene al margen. Es el descrédito pretendido por algunos, achacando la fe al hambre, a la ignorancia, a los grupos sociológicos marginales. ¡Afortunadamente, sí! Afortunadamente Dios es más fácil y asequible para pobres que para ricos, para débiles que para fuertes, para necesitados que para satisfechos. Afortunadamente Dios es gratuito, pero hay que esperarlo y preparar su venida y de eso saben los marginados más que los entretenidos consumidores de las sociedades ricas, muy ocupados, ahora en Navidad, de preparar bebidas, turrones, luces, regalos y menos ocupados de prepararse y preparar con ilusión un sitio al Niño que viene.

Lucas tiene razón en poner a dos mujeres, tan marginadas entonces, como expresión plástica de la alegría que aporta la fe.

 

DIOS ES PARA QUIEN LE NECESITA.

En la Biblia, las experiencias más profundas de fe se da, casi exclusivamente, en personas de escasas posibilidades humanas. Un pueblo de esclavos puede a una superpotencia, un muchacho sin armas vence al guerrero más fuerte, un pueblecito pequeño como Belén aporta más que una gran ciudad orgullosa de sí misma como Jerusalén, una mujer marcada por su embarazo y marginada por ser mujer es la gran madre de las posibilidades humanas, un Jesús pobre e impotente sacude al César fuerte y poderoso, un ciego tullido descubre la luz en lugar de Pilatos que permanece en la oscuridad a pesar de todos sus medios, un leproso despreciado que espera puede experimentar la alegría de ver cumplida su esperanza y no Herodes que, sin esperanza, quiere entretenerse en ver realizadas sus ilusiones de pasatiempo y diversión a costa de Jesús.

Es constante en la Biblia la afirmación de que Dios se manifiesta a quien le espera y necesita y que su encuentro provoca una experiencia de alegría como les ocurre a Isabel y María, o como les ocurre a unos padres que quieren y esperan un niño, como a los abuelos que anhelan ver la continuidad familiar.

 

Palabra de Dios

 

Lectura de la profecía de Miqueas 5, 1-4a

Esto dice el Señor: «Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemorables. Por eso, los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel. Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor, con el dominio del nombre del Señor, su Dios; se instalarán, ya que el Señor se hará grande hasta el confín de la tierra. Él mismo será la paz».

 

Salmo 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

V/. Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

V/. Dios del universo, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña. Cuida la cepa que tu diestra plantó, y al hombre que tú has fortalecido. R/.

V/. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.

 

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 5-10

Hermanos: Al entrar Cristo en el mundo dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo -pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí- para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad».

Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley. Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

 

+  Lectura del evangelio según san Lucas 1, 39-45

En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

 

A TENER EN CUENTA

Jueves, 23, a las 19,00 horas: CELEBRACIÓN COMUNITARIA DEL SACRAMENTO DEL PERDÓN. Esa tarde no celebraremos la Eucaristía de las 8.00.

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