Domingo II después de Navidad: ‘Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios’

Domingo II después de Navidad: ‘Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios’

El himno de la carta a los Efesios (2ª lect.) nos invita a dar gracias y a alabar a Dios Padre porque nos ha bendecido y elegido en Cristo a ser sus hijos …

‘Pero a cuantos lo recibieron,

les dio poder de ser hijos de Dios’

 

 

El himno de la carta a los Efesios (2ª lect.) nos invita a dar gracias y a alabar a Dios Padre porque nos ha bendecido y elegido en Cristo a ser sus hijos: Él nos ha destinado por medio de Jesucristo … a ser sus hijos para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

   El Amado por medio de quien Dios nos muestra todo su amor y nos hace hijos suyos, es el Niño que nos ha nacido. El tiempo de la Navidad/Epifanía nos va desvelando paso a paso la plenitud y hondura del Niño de Belén.

   El hermoso y profundo himno, prólogo del Evangelio de Juan, nos afirma   que Jesús, ‘el Dios con nosotros’, es la PALABRA (la nueva edición de los leccionarios litúrgicos vuelve a emplear el término VERBO). Por medio de Jesús, Dios nos dice su Palabra definitiva: En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final nos ha hablado por el Hijo (Heb 1, 1-2).

   En Jesús se restablece definitivamente el diálogo de amistad entre Dios y la humanidad,  pues Dios se hace uno de nosotros: Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios se hace tan próximo y cercano que viene a llamar a nuestra casa, a nuestra familia y al corazón de cada uno de nosotros: Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré a su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3, 20).

   ¿Escuchamos la voz de la Palabra hecha carne y le abrimos la puerta? El evangelio expresa una queja amarga cuando dice: Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron.

   Jesús sigue viniendo y llamando a nuestra casa en muchas ocasiones y de muchas maneras. La Navidad no es tan solo acontecimiento del pasado y que recordamos con nostalgia. Jesús sigue encarnándose en los acontecimientos de  la historia y, de manera especial, en cada una de las personas con las que nos rozamos en la vida y que se identifica con ellas: Quien a vosotros os recibe, a mí me recibe.

   Coincidiendo con lo que nos afirmaba la carta a los Efesios, es gratificante escuchar que el evangelio, después de habernos dicho  que vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, añada: Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios.

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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