DOMINGO II DE CUARESMA – CICLO C

DOMINGO II DE CUARESMA – CICLO C

Nº 641 – 13 de Marzo de 2022 – II Domingo de Cuaresma – Ciclo C

 

 TABOR Y CALVARIO

No podemos ser felices en un mundo en donde no es posible la felicidad para todos. Querer ignorarlos es refugiarse en el Tabor. Es querer construir tres tiendas y establecerse sin tener en cuenta los que sufren y padecen en el valle de lágrimas.

Quedarse en el Tabor podría ser también llegar a pensar que lo importante es no tanto descender nosotros cuanto procurar que todos suban donde nosotros ya estamos. ¿Acaso es esto posible? Jesús no lo entendió así. Jesús descendió del Tabor para subir al Calvario. Jesús descendió hasta el ínfimo lugar, a fin de poder ser, en una perfecta igualdad de oportunidades, hermano y prójimo universal. Se hizo el más pequeño de todos para ser hermano de todos. No rehuyó el camino de la cruz y no quiso anticipar para sí y para los suyos (sus tres discípulos) una gloria que él quiso alcanzar para todos los hombres. Quedarse en el Tabor puede ser también para nosotros dar de vez en cuando la limosna de nuestra abundancia. Dejar caer unas migajas de nuestra mesa bien provista para los cachorros que ocupan el último lugar en el festín de la vida. La caridad cristiana es ante todo comunicación de vida, solidaridad con todos los hombres. Y, por lo tanto, descender para andar con todos los hombres que peregrinan por este valle de lágrimas y subir todos juntos hacia Jerusalén, en donde, no sin el sacrificio de nuestras vidas, se alcanzará al fin la salvación de todo el pueblo.

 

Palabra de Dios

 

Lectura del libro del Génesis 15, 5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas». Y añadió: «Así será tu descendencia». Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia. Después le dijo: «Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos, para darte en posesión esta tierra». Él replicó: «Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?». Respondió el Señor: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón». Él los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados. Aquel día el Señor concertó alianza con Abrán en estos términos: «A tu descendencia le daré esta tierra, desde el río de Egipto al gran río Éufrates.

 

Salmo 26: El Señor es mi luz y mi salvación

 V/ El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R/.

V/ Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor. R/.

V/ No me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches. R/.

V/ Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R/.

 

Lectura de la carta de s. Pablo a los Filipenses 3,17-4,1

Hermanos, sed imitadores míos y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque -como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos- hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

 

+ Lectura del evangelio según san Lucas 9, 28b-36

En aquel tiempo, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía.

Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

 

A TENER EN CUENTA

 

GRUPOS DE JÓVENES. VIERNES, 18.00. VEN Y VERÁS

AYUDA A TU PARROQUIA: Pedimos vuestra colaboración para hacer frente a las necesidades económicas parroquiales. Envía tu donativo o suscríbete: BIZUM 02842 / Banco de Santander: ES35 0049 1804 1921 1028 8632

Entra en nuestra página WEB y sigue nuestras noticias: https://sagradoscorazones.sscc.es

Parroquia Sagrados Corazones
parroquia.sscc.madrid@gmail.com
No hay comentarios

Inserte un Comentario