DOMINGO CUARTO DE CUARESMA CICLO A

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PARROQUIA SAGRADOS CORAZONES

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Nº 544 – 22 de Marzo de 2020 – IV Domingo de Cuaresma / A

BUSCAR LA LUZ

No estamos hechos para vivir en la oscuridad. Nos da miedo caminar en medio de las tinieblas. Y, sin embargo, la vida se nos presenta, con frecuencia, como un camino que debemos recorrer «a tientas». El hombre moderno no se resigna a aceptar el misterio. Pero el misterio está presente en lo más profundo de nuestra vida como una experiencia constante.

El ser humano se ha ido abriendo camino en la historia tratando de iluminar la existencia con su razón. Y ciertamente ha dado pasos gigantescos. La humanidad ha ido acumulando cada vez más datos, ha organizado esos datos en sistemas y ciencias cada vez más complejos, y los ha transformado en técnicas cada vez más poderosas para dominar el mundo y la vida. Y, sin embargo, la razón es una luz que nos deja todavía en las tinieblas. La razón puede explicarlo todo menos a sí misma. Se diría que el hombre lo puede conocer y dominar todo, pero no puede conocer y dominar su origen ni su destino último.

Es en este horizonte donde se sitúa el creyente. No como alguien que pretende «ver» y «explicar» el enigma último de la existencia, sino como un ciego que busca luz, se deja iluminar por Jesús y se atreve a enfrentarse con confianza al misterio de la vida porque cree en un Padre. Lejos de falsas seguridades, hemos de adoptar una postura humilde y sincera de búsqueda, como aquel ciego de nacimiento que se dejó iluminar por Jesús.

PALABRA DE DIOS

LECTURA DEL PRIMER LIBRO DE SAMUEL 16, 1-13

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí». Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo: «Seguro que está su ungido ante el Señor». Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón». Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a estos». Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿No hay más muchachos?». Y le respondió: «Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño». Samuel le dijo: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga». Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este». Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Salmo 22. R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

 V/. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R/.

V/. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

 V/. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R/.

V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por los años sin término. R/.

LECTURA DE LA CARTA A LOS EFESIOS 5, 5-14

 Hermanos: Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas. Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».

Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

+LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 9,1-38

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de Los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Le replicaron: «Has nacido completamente empeca-tado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

 

                                                                  A TENER EN CUENTA

 

·        En estos momentos difíciles y dolorosos unamos nuestra oración confiada a Dios nuestro Padre por los enfermos, por los fallecidos y sus familiares, por los profesionales de la sanidad y por todos los ponen de su parte, aún a riesgo de su salud, para facilitarnos en estos días de “reclusión” los medios necesarios para seguir adelante. Mantengamos confiados la alegría esperanzada de nuestra fe.

Les invitamos a consultar la página WEB de la Parroquia.

 

 

 

 

 

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