CUARTO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO: Fiesta de la Presentación del Señor

CUARTO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO: Fiesta de la Presentación del Señor

En este cuarto domingo del Tiempo Ordinario, por ser el día 2 de febrero, se celebra la fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el Templo …

EL TIEMPO ORDINARIO

Acabado el Tiempo Navidad/Epifanía, la liturgia inicia el Tiempo Ordinario o, mejor; Tiempo durante el año (per annum) o también Tiempo de los domingos verdes por el color que se emplea en las celebraciones.

Consta este tiempo de 33 ó 34 domingos, dependiendo de la fecha de la Pascua. Comienza tras el Bautismo del Señor, se interrumpe el Miércoles de Ceniza y continúa después de Pentecostés hasta el Adviento.

Llamar ordinario a este tiempo no significa que esté vacío de contenido o que no tenga hondura. Muy al contrario. Es cierto que no está vinculado a ningún misterio particular del Señor, pero celebra de forma global el Misterio Pascual de Cristo y, de la mano principalmente de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), nos ayuda a seguir paso a paso el quehacer ordinario de Jesús, su día a día, desde el inicio de su vida pública hasta que se adentra en su Pasión.

Este contacto con el Jesús que, con su palabra y sus hechos, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal (Hech 10,38), nos va ayudando a vivir con ilusión nuestra vida ordinaria y el quehacer de cada día.

 

PALABRA DE DIOS

Lectura del Profeta Miqueas 3,1-4

Así dice el Señor Dios: Mirad, yo envío mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis,el mensajero de la alianza que vosotros deseáis: Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida? ¿Quién quedará de pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.-

 

Salmo responsorial 23 R/. ¿Quién es este Rey de la gloria? Es el Señor.

*¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: Va a entrar   el Rey de la gloria!

*¿Quién es ese Rey de la gloria? -El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la   guerra.

* ¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: Va a entrar el Rey de la gloria!

*¿Quién es ese Rey de la gloria? -El Señor de los ejércitos: él es el Rey de la          gloria.

 

Lectura de la carta a los Hebreos 2,14-18

Los hijos de una misma familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por el miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.

Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en t todo a sus hermanos, para ser compasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.-

 

Aleluya. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Aleluya.

 

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor (de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: ) y para entregar la oblación (como dice la ley del Señor: ).

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él: Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

Impulsado por el Espíritu Santo fue al templo. Cuando entraban con el Niño Jesús sus padres (para cumplir lo previsto por la ley), Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel.

[José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo diciendo a maría, su Madre: -Mira: Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te atravesará el alma.

Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana: de jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba].-

 

COMENTARIO

RESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO. La ley de Moisés recordaba que las primicias de las cosechas y los primogénitos de los animales y de los hombres le correspondían al Señor, y a él debían serle ofrecidas (consagradas) como reconocimiento de que él es el autor de la vida.

María y José, en cumplimiento de la ley, llevan al templo a su hijo primogénito, Jesús, para consagrárselo al Señor. La presentación del Niño Jesús es el primer signo de que su vida será una entrega total, en cuerpo y alma, a su Padre Dios y al servicio de su reino. La carta a los Hebreos resume la actitud de Jesús con estas palabras: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Esta consagración al Padre adquiere su punto culminante en la entrega de la Cruz, expresión insuperable de su fidelidad a la causa de Dios y a la causa del hombre.

Cristo significa elegido, ungido y consagrado por Dios para anunciar el amor de Dios a los hombre, y a esa tarea Jesús consagra su vida por entero.

La celebración de la Presentación del Señor nos anima a que nosotros revivamos y reafirmemos nuestra consagración bautismal. En el Bautismo somos ungidos como Jesús; somos consagrados por Dios y para Dios como miembros de su pueblo, la Iglesia.

De la consagración bautismal brotan las demás consagraciones más específicas, entre ellas la ‘vida consagrada’ de la que forman parte quienes hacen profesión de los ‘consejos evangélicos’ y cuya vocación es seguir a Jesús pobre, casto y obediente mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Por eso hoy la iglesia celebra la JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA. Tenemos que dar gracias a Dios por las Órdenes e Institutos religiosos dedicados a la contemplación o al apostolado, por las Sociedades de vida apostólica, por los Institutos seculares, por el Orden de las vírgenes, por las nuevas formas de vida consagrada.

Quien ingresa en la vida consagrada reconoce a Dios como valor absoluto de la existencia; se entrega (consagra) totalmente al Dios Amor, un Dios que nos ama inmensamente y que es inmensamente digno de ser amado: Vivir la consagración religiosa es reconocer santa Teresa que ¡sólo Dios basta! La entrega total a Dios conlleva también la entrega al servicio de su reino siguiendo el ejemplo de Jesús.

El lema escogido este año para la Jornada de la Vida Consagrada: LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO EN LA VIDA CONSAGRADA, está en plena sintonía con la Exhortación Evangelii Gaudium del Papa y que comienza así: La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús’

El encuentro personal con Jesús y el dejarse enamorar por él, es la esencia de la vida consagrada y es la fuente de la inmensa alegría de quienes deciden ir en seguimiento de Jesús pobre, casto y obediente, comprometiéndose a ir haciendo el bien como lo hizo Jesús.

osvaldo Aparicio,ss.cc.
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