CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

‘MARÍA, ARCA DE LA MISERICORDIA’

 

 

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. Evangelio de la Visitación de María a su prima Isabel. María es figura destacada del Adviento; por eso, en este Año de la Misericordia, debemos resaltar que ella es la Madre de la Misericordia, portadora y comunicadora del amor, de  la ternura y de la misericordia de Dios Padre …

 

  

‘MARÍA, ARCA DE LA MISERICORDIA’

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. Evangelio de la Visitación de María a su prima Isabel. María es figura destacada del Adviento; por eso, en este Año de la Misericordia, debemos resaltar que ella es la Madre de la Misericordia, portadora y comunicadora del amor, de  la ternura y de la misericordia de Dios Padre.

  

   En la fiesta de la Inmaculada Concepción escuchábamos el relato evangélico de la Anunciación. La Virgen de Nazaret, al aceptar la misión de ser madre de Dios, se convierte en Arca de la Nueva Alianza, como la saludamos en las letanías. Para comprender mejor esta afirmación es bueno recordar que, en el Antiguo Testamento, el Arca de la Alianza, era signo de la presencia misericordiosa de Dios, que había liberado al pueblo de su esclavitud en Egipto y lo había acompañado y guiado en su peregrinar por el desierto hacia la tierra prometida. El salmista canta las maravillas obradas por Dios a favor de su pueblo porque es eterna su misericordia (Sal 135).

  

   Se nos cuenta también que, cuando el Arca se ponía en camino, sembraba el gozo y el entusiasmo, pues las gentes sentían que su Dios clemente y misericordioso los visitaba y estaba con ellos.

  

   Con este trasfondo del Antiguo Testamento, el relato de la Visitación cobra una dimensión profunda y salvífica. María, tras la Anunciación del ángel, portando en su seno a Jesús, rostro de la misericordia del Padre, se pone en camino hacia la casa de su prima Isabel. Su visita llenará de alegría a la familia. La misma María proclamará a continuación en el canto del Magnificat que la misericordia del Poderoso llega a sus fieles de generación en generación. El Papa apunta que también nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María. Zacarías, esposo de Isabel, en el nacimiento de Juan, bendice al Señor porque por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto. El sol que nace de lo alto y que María porta en sus entrañas, es Jesús, fruto de la entrañable misericordia de nuestro Dios.

  

   La escena de la Visitación nos manifiesta, pues, no solo que María es la Madre de la Misericordia, sino que es portadora y comunicadora de misericordia. Nadie como ella conoció y experimentó que el hijo de sus entrañas era fruto de la misericordia de Dios hacia los hombres.

  

   Así nos escribe el Papa en El rostro de la misericordia: Dirijamos a María la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús (nº 24).

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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