Charlas Cuaresmales 2017: Carisma y misión de la Congregación Sagrados Corazones

Charlas Cuaresmales 2017: Carisma y misión de la Congregación Sagrados Corazones

    Aprovechando la celebración del Bicentenario de la Aprobación de nuestra Congregación de los Sagrados Corazones, Osvaldo habló en las Charlas Cuaresmales sobre el espíritu y misión de la Congregación.

   A continuación damos el texto de la primera charla…

CHARLAS CUARESMALES 2017

1ª CONTEMPLAR, VIVIR Y ANUNCIAR AL MUNDO EL AMOR DE DIOS MANIFESTADO EN LOS SAGRADOS CORAZONES

   Estamos celebrando el Bicentenario de la Aprobación de nuestra  Congregación de los Sagrados Corazones y de su Regla o Constituciones, que son como  nuestro  DNI o tarjeta de identidad dentro de  la Iglesia;  por eso, me ha parecido oportuno que, en las charlas cuaresmales de este año 2017, hablemos de nuestra  identidad como Sagrados Corazones que, en su formulación actual y que tantas veces nos habréis oído repetir en nuestra parroquia,  se concreta así: Contemplar, vivir y anunciar al mundo el Amor de Dios manifestado en los Sagrados Corazones; vamos, pues, a reflexionar hoy  sobre nuestra identidad, carisma o misión y la incidencia que tiene para nosotros todos, religiosos y seglares, ya que también vosotros, feligreses de nuestra parroquia, pertenecéis a nuestra Congregación y vivís impregnados de su espíritu. Recordáis que nuestra parroquia ya ha celebrado las bodas de oro.

 

   Quiero comenzar con una pregunta: ¿De dónde brota nuestra manera de ser y nuestra tarea en la Iglesia? ¿Dónde bebieron nuestros Fundadores, el P. Coudrin y la M. Enriqueta Aymer,  el espíritu que nos transmitieron? ¿Dónde contemplamos el Amor que hemos de anunciar al mundo?

 

   Como indicación de donde podremos encontrar respuesta, vamos a acudir a la Palabra de Dios, proclamando  y meditando en silencio, cada uno personalmente,  durante unos momentos esta escena del Evangelio de san: Jn 19,31-37: La lanzada y el Costado abierto

(Lectura y momentos de oración personal)

 

El Corazón traspasado de Jesús

   Esta escena única del Costado traspasado de Jesús en la cruz es tan densa y tiene tal intensidad de Amor que se convierte en  el gran signo que se no ofrece para que nosotros contemplemos,  creamos y nos empapemos de ese  Amor tan grande que llega a la entrega total, que llega hasta la extenuación, hasta verter y dar la última gota de su sangre: Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo.

   Nos dice san Pablo en su carta a los Romanos: Cuando aún nosotros estábamos sin fuerzas, entonces, en su momento, Jesús el Mesías murió por los culpables. Cierto, con dificultad se dejaría uno matar por una causa justa; con todo, por una buena persona quizá afrontaría uno la muerte: Pero el Mesías murió por nosotros cuando éramos aún pecadores: así demuestra Dios el amor que nos tiene (5, 6-8).

   Más brevemente y con palabras que nos llegan más al corazón, lo expresa san Juan: Nos amó y se entregó por nosotros.

   Todos tenemos siempre presentes las palabras de la primera carta de san Juan (4, 16) donde nos  afirma: Y nosotros hemos conocido y creído en el Amor que Dios nos tiene. Dios es Amor

   Recogiendo este mensaje central del Nuevo Testamento, la  Regla de Vida de nuestra Congregación nos dice: En ninguna parte podemos reconocer el Amor de Dios con más claridad que en el Corazón abierto de Jesús de Nazaret, Hijo único de Dios (nº 77).

   Este Amor redentor y reparador que brota del Corazón traspasado de Cristo, es el alma y la razón de ser de nuestra Congregación de los Sagrados Corazones de tal forma que nuestro Fundador el P. José María Coudrin nos dejó escrito: En Jesús lo encontramos todo: su nacimiento, su vida y su muerte: he ahí nuestra Regla.

 

El Corazón traspasado de María

Palabra de Dios: Jn 19, 25-27

(Lectura y momentos de oración personal)

   Junto a la cruz de Jesús estaba su madre… Esta escena de María junto a la cruz de su Hijo nos hace comprender que  la madre acepta y se asocia  plenamente a la misión redentora y reparadora por medio de la entrega y del amor de su Hijo. Ya se lo había anunciado el anciano Simeón cuando sus padres presentaron a Jesús en el templo: Este (niño)… será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te atravesará el corazón (Lc 2,35); por eso, nosotros vemos unidos de manera inseparable  en una misma entrega de Amor y en una misma misión el Corazón del Hijo y el Corazón de la Madre. En esa unión encontramos la razón por la que nos consagramos a ellos como dice  nuestro Fundador: La consagración a los Sagrados Corazones es el fundamento de nuestro Instituto.

 

Celador  del Amor

   Estamos celebrando, como os decía, el Bicentenario de la Aprobación de nuestra Congragación de los Sagrados Corazones, ya que nuestras primeras Constituciones o Regla fueron aprobadas y confirmadas por el Papa Pio VII mediante un Decreto Apostólico del 10 de enero de 1817. Al recibir la noticia, el Fundador se la comunica en una carta circular a sus queridos hermanos y hermanas diciéndoles: Como los santos ángeles a los pastores, os anunciamos una gran alegría: Gaudium magnum annuntio vobis!

   Este gran gozo le brota porque ha visto cumplido algo  muy ardientemente deseado durante años: la Sede Apostólica se ha dignado aprobar y confirmar nuestro Instituto el 10 de enero de este año ‘(1817).

     Unos meses más tarde, concretamente el 17 de noviembre del mismo año, el Decreto Apostólico sería confirmado por la Bula Pastor Aeternus, también del papa Pio VII.

   Nuestro Padre Fundador dice que durante años ha deseado ardientemente la aprobación de Roma. Efectivamente; como sabéis, la semilla de nuestra Congregación había sido plantada y había ido germinando durante los difíciles tiempos de la Revolución Francesa en la ciudad de Poitiers (Francia). Será en la Noche Buena de 1800 cuando el joven sacerdote Pedro Coudrin y Enriqueta Aymer de la Chevalerie pronuncien sus votos.

   Esta fue la fórmula empleada por el P. Coudrin: Yo, hermano José María , hago voto de castidad, de pobreza y de obediencia, siguiendo las luces del Espíritu Santo, para bien de la Obra como celador del amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María a cuyo servicio quiero vivir y morir.

   La Fundadora pronunciará así sus votos: Yo, Luisa Victoria Catalina Enriqueta Mónica Aymer…, mis firmes resoluciones las pongo en manos de la Santísima Virgen para que ella se digne presentarlas al Sagrado Corazón de Jesús, su divino Hijo, a cuyo servicio deseo consumirme como un cirio…

    Antes de nada, quisiera  hacer una pequeña aclaración sobre la expresión  ‘por el bien de la Obra’, que emplea nuestro Fundador en sus votos. Esta expresión aparece  otras veces en sus escritos; y, cuando emplea las palabras  la ‘Obra de nuestro Maestro’ o la ‘Obra de Dios’,  se está refiriendo al  Instituto o Congregación que  él, junto con Enriqueta Aymer,  ha puesto en marcha.

   Pero, lo que es importante y que hay que  poner de relieve sobre todo,  es el hecho de que él se  consagra ‘como celador del Amor de los Sagrados Corazones’. Celador del Amor.

 

Celadores del Amor de los Sagrados Corazones

   Precisamente, con el  título de Celadores y Celadoras  es como el Fundador presenta al Papa su Obra ya  el 2 octubre 1801 y como se designaba  a los miembros de la Congregación en sus primeros albores. Uno de los primeros discípulos del P. Coudrin escribe en sus memorias: El fin del Instituto se designa (manifiesta, aclara, se pone de relieve) por el título mismo que deseamos llevar: Celadores y Celadoras del Amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

    El mismo P. Coudrin,   en una de sus memorias enviadas a Roma, da la razón de por qué desea ese título para su Congregación: Necesitamos un nombre que recuerde cada día a los hermanos sus deberes y obligaciones, que les recuerde que deben sacrificarse por el celo del Señor, que faltarán a su voto más esencial si quieren vivir solo para sí mismos y no trabajar por la salvación de sus hermanos…; que su vocación es el celo y el celo ardiente. Esto es lo que deberán pensar los miembros de nuestro Instituto cuando se nombren con el título de celadores. Su propio nombre gritaría contra ellos como las piedras del santuario, si no cumpliesen los deberes que les impone. Sería un continuo reproche a su conciencia, que acabaría por sacarlos de un culpable bloqueo, si llegasen un día a adormecerse en una cómoda ociosidad.

  

   Esta memoria llegó a Roma cuando ya la Asamblea Plenaria de la Sagrada Congregación de Obispos  había aprobado (20 diciembre 1816) la Obra del P. Coudrin con el título de Sagrados Corazones de Jesús y de María y de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar.

 

   Aunque la Congregación no fuera aprobada con el título deseado por los Fundadores, no obstante, la misma insistencia con que el Fundador defiende el título  de Celadores del Amor, pone de relieve con toda claridad cuál es, en su intención, el carisma y la esencia de su fundación: EL AMOR APASIONADO POR EL AMOR.

 

 

‘Me devora el celo de tu casa’

   Está claro que el término  de celadores y celadoras no debió parecerles muy usual a los obispos de la Asamblea Plenaria de la Sagrada Congregación de Roma;  también tenemos  que reconocer que hoy día la palabra celador ha perdido,  en su  uso ordinario, su dimensión más profunda; su significado ha quedado reducido a lo que la Real Academia Española define como ‘persona destinada por la autoridad para ejercer la vigilancia’; en otras palabras, un vigilante nocturno…

   Sin embargo, si nos fijamos en la etimología del término,  celador viene de celo e implica, por tanto, estar entusiasmado, apasionado, devorado, entregado en cuerpo y alma a algo o a alguien, y, además,  velar constantemente por el objeto o persona de su celo.  Cuando escuchamos  la palabra celo, cómo no recordar al mismo Jesús cuya actitud frente a los que profanaban el templo, hizo pensar a sus discípulos  en las palabras del salmista: Me devora el celo por tu casa (Jn 2,17).

   Jesús vivía con tal celo, ardor y pasión el Amor de Dios y la causa de su reino, de anunciarlos, de darlos a conocer y de  hacerlos realidad entre los hombres que no puede menos de exclamar: ¡He venido a traer fuego a la tierra y estoy deseoso de que arda!   Ese amor celoso y apasionado por el Amor de Dios y por sus hermanos los hombres, le llevará a Jesús  hasta el extremo de ser fiel hasta la muerte y una muerte de cruz.

 

‘Extender el Evangelio por todas partes’

   El Evangelio de san Juan concluye la escena de la lanzada y del costado traspasado citando al profeta Malaquías: Mirarán al que atravesaron (19,37).

   Sin duda ninguna, mirando al Corazón traspasado, es como el P. Coudrin palpó el fuego del Amor apasionado de Jesús y en ese Amor quiso abrasarse;  él mismo nos deja constancia de  ello en estas palabras: Si verdaderamente se profundiza en la ternura del Corazón de Jesús por la salvación del las almas, ¿se puede entonces no inflamarse de celo para responder al Amor de tan buen Maestro? Y añade que, por eso, la vocación de quien se consagra a los Sagrados Corazones, es completamente de celo, y de un celo inflamado.

   No voy a entrar ahora en detalles de la vida de nuestro Fundador, sino que sencillamente quiero, a grandes rasgos, manifestaros que su  vida, tanto en los tiempos heroicos de su apostolado clandestino en Poitiers durante la Revolución Francesa como después, estuvo llena de celo y entusiasmo por hacer realidad su Visión de anunciar el Evangelio del Amor por todas partes.

   Él mismo nos cuenta su Visión. Mirad, poco después de su ordenación sacerdotal, el joven sacerdote Coudrin, se ve obligado a vivir recluido durante cinco meses en un granero o buhardilla de cinco metros de largo por dos de ancho y metro y medio de altura, perteneciente al castillo de la Motte d’Usseau.

   Estando en  mi granero, contará más tarde, después de haber celebrado la misa, me puse de rodillas al lado del corporal donde siempre creía tener el Santo Sacramento. Vi entonces lo que somos hoy. Me pareció que estábamos muchos reunidos juntos, que formábamos una multitud de misioneros que debían extender el Evangelio por todas partes… Ese deseo de fundar una sociedad que llevara por todas partes la fe, no me ha abandonado nunca.

   Un día, tras leer el martirio de santa Fe, joven menor de veinte años, y del anciano obispo san Caprasio, decide abandonar  su escondite del granero y se arriesga a ir a Poitiers. Él mismo nos cuenta su determinación: Cuando salí por fin del granero, me prosterné al pie de una encina que no estaba lejos de la casa y me entregué a la muerte. Porque me había ordenado sacerdote con la intención de sufrirlo todo, de sacrificarme por Dios y de morir a su servicio.

   Una vez en la ciudad de Poitiers, son proverbiales  el ardor y celo con que ejerció su apostolado en plena Revolución Francesa.  Su apostolado clandestino es, sin duda alguna, una de las páginas más hermosas, valientes y arriesgadas de aquellos tiempos de persecución.

   Esa pasión y ese  celo él quiso trasmitírselo a sus discípulos; por eso, no es de extrañar que deseara que su Congregación llevara el nombre de Celadores del Amor de los Sagrados Corazones y que sus discípulos se consagraran en cuerpo y alma a ese Amor. De hecho, en la memoria que escribe a la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares (6 diciembre 1817), afirma: ‘LA CONSAGRACIÓN A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA ES EL FUNDAMENTO DE NUESTRO INSTITUTO’.

   Este carisma que el Buen Padre (así le llamaban sus discípulos) nos ha transmitido quedó formulado en nuestras Constituciones de 1990 en esa frase que con tanta frecuencia repetimos en nuestra parroquia y que, además, está plasmada de forma tan expresiva en la gran vidriera del fondo de nuestro templo: CONTEMPLAR, VIVIR Y ANUNCIAR AL MUNDO EL AMOR DE DIOS ENCARNADO EN JESÚS. MARÍA HA SIDO ASOCIADA DE UNA MANERA SINGULAR A ESTE MISTERIO DE DIOS HECHO HOMBRE Y A SU OBRA SALVADORA (Const. nº 2).

 

Contemplar, vivir y anunciar al mundo el Amor de Dios

   Anunciar al mundo el Amor de Dios. En 1816 escribía nuestro Fundador: Hoy día se desconoce qué significa el Amor de Dios. Se desconoce, se ignora, no se sabe, se vive de espaldas…  al Amor de Dios.

   Han pasado dos siglos desde entonces. ¿Sigue teniendo vigencia hoy  esa afirmación? ¿Refleja también la situación de  nuestro tiempo y de nuestro mundo? Fijaos que no me refiero a si es aplicable tan solo al  mundo o a la sociedad en general, sino que estoy señalando nuestro entorno más cercano y en el que nos movemos: el barrio, nuestra familia e, incluso, nuestra parroquia. Pienso que la respuesta es afirmativa, o sea, que sigue vigente el que hoy se desconoce qué significa el Amor de Dios.  

   Por ello, hoy más que nunca nos urge contemplar y vivir el Amor de Dios manifestado en los Sagrados Corazones, para anunciarlo con nuestras obras y nuestra palabra. Nos urge evangelizar que Dios es Amor. ¡Ay de mí si no anuncio la Buena Noticia de Jesús!, nos dice san Pablo. Hoy más que nunca tenemos que dar a conocer qué es y qué significa el Amor de Dios. El Papa en su mensaje cuaresmal nos dice que la Cuaresma es tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo, y que nuestra parroquia nos propone domingo a domingo como propósito cuaresmal.

   Para ello nada mejor que:

1º CONTEMPLAR  el Amor en el Corazón traspasado  de Cristo. Recordad lo que nos decía el evangelista Juan: ¡Mirarán al que traspasaron! Ese amor sigue presente y vivo en la Palabra, en los Sacramentos y en el prójimo.

2º VIVIR el Amor: Encarnarlo de tal manera  en nuestra vida que ojalá  pudiéramos llegar a exclamar con san Pablo: ¡Vivo yo; pero no soy yo el que vive; es Cristo quien vive en mí!

3º ANUNCIAR el Amor: Seamos cristianos misioneros. Todos nosotros, de una forma o de otra, somos parte de la Congregación de los Sagrados Corazones; y por eso, recordando la Visión de nuestro Fundador,  todos nosotros formamos parte de esa multitud de misioneros que extienden el Evangelio por todas partes.

 

 

 

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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