BOLETÍN PARROQUIAL DOMINGO XXII DEL T. ORDINARIO

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PARROQUIA SAGRADOS CORAZONES

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Nº 566 –  30 de Agosto de 2020 – XXII Domingo T.O. / Ciclo A

 Creer en Dios no es algo estático, una manera de pensar o de sentir que se conserva congelada en algún rincón interior de la persona. La fe consiste en vivir confiando en Dios, y la vida es la vida; no se congela en ningún momento; está llamada a crecer y desarrollarse. Cuando se vive ante Dios, no es posible quedarse siempre en el mismo punto. El creyente busca siempre vivir con más hondura. Repiensa las decisiones pasadas y toma otras nuevas. Trata de vivir siempre con más coherencia y dignidad. Lucha, cae, se arrepiente, vuelve a empezar… pero no permanece inerte.

Por eso, ser cristiano no consiste sólo en evitar el pecado. En nuestras vidas siempre hay pecado porque hay arrogancia, egoísmo, orgullo, exclusión del otro, acaparamiento y muchas cosas más. El creyente no es perfecto, pero es de corazón inquieto. Su fe le lleva a reconocer su pecado para reaccionar, levantarse, reorientar su vida, crecer.

Los primeros cristianos nunca entendieron su fe en Cristo de manera estática y repetitiva. Pensaron más bien en un proceso de crecimiento constante. Para ellos, ser cristiano consiste en «seguir» a Jesús, caminar tras sus huellas, aprender a vivir como él, reproducir su estilo de vida sencillo, fraterno, cercano al sufrimiento ajeno, abierto a la confianza en Dios.

Por eso, cuando se nos pregunta si somos cristianos, no deberíamos responder sin más: «Sí, soy cristiano». Deberíamos decir: «Me voy haciendo cristiano», «estoy tratando de seguir con más verdad a Cristo», «no quiero que se me escape la vida sin aprender a vivir como El». Con este lenguaje modesto y realista solía hablar K Rahner, uno de los teólogos más lúcidos del siglo veinte.

Ciertamente, es arriesgado y exigente seguir a Cristo: no se puede servir al Dios de Jesús y dedicarse sólo a ganar dinero; no es posible enfrentarse al futuro como él y volver la mirada atrás; se corre el riesgo de verse sin apoyo donde reclinar la cabeza. Pero es una manera apasionante de entender y afrontar la vida. A pesar de su mediocridad, el verdadero creyente se da cuenta de que nada ni nadie podría poner un estímulo más vigoroso y una fuerza más apasionante en su vida que este planteamiento de «seguir» a Jesús. Un planteamiento que nunca se sabe exactamente hasta dónde nos puede llevar.

PALABRA DE DIOS

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido. He sido a diario el hazmerreír, todo el mundo se burlaba de mí. Cuando hablo, tengo que gritar, proclamar violencia y destrucción. La palabra del Señor me ha servido de oprobio y desprecio a diario. Pensé en olvidarme del asunto y dije: «No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»; pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo, y no podía.

Salmo responsorial 62.

R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

V/. Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

V/. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.

 V/. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

V/. Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R/.
Lectura de la carta de san Pablo a los Romanos 12,1-2.

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual.

Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

 

R/.  Aleluya, aleluya, aleluya.

V/El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. R/.

+ Lectura del santo Evangelio según S. Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

 

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