BOLETÍN PARROQUIAL DOMINGO XX DEL TO

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PARROQUIA SAGRADOS CORAZONES

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Nº 564 –  16 de Agosto de 2020 – XX Domingo T.O. / Ciclo A

 

MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE…

 

Nos hemos acostumbrado a dirigir nuestras peticiones a Dios de manera tan superficial e interesada que probablemente hemos de aprender de nuevo el sentido y la grandeza de la súplica cristiana. L. Boros señala algunas dificultades que hacen imposible la súplica y contra las que tenemos que luchar decididamente.

A algunos les parece indigno rebajarse a pedir nada. El hombre es responsable de sí mismo y de su historia. Pero, aun siendo esto verdad, también lo es el que los hombres vivimos de la gracia. Y reconocerlo significa enraizamos en nuestra propia verdad.

Para otros, Dios es algo demasiado irreal. Un ser indiferente y lejano, que no se preocupa del mundo. Por un lado, vivimos los hombres sumergidos «en el laberinto de las cosas terrenas» y por otro, vive Dios en su mundo eterno.

Y sin embargo, orar a Dios es descubrir que está incondicionalmente de nuestro lado contra el mal que nos amenaza. Suplicar es invocar a Dios como gracia, liberación, alegría de vivir.

Pero es entonces precisamente cuando Dios aparece demasiado débil e impotente. Ya no hay en el mundo un lugar para un Dios que actúa, interviene y ayuda a los hombres.

Y es cierto que Dios no lo puede todo. Ha creado el mundo y lo respeta tal como es, sin entrar en conflicto con él. Su amor al hombre está de hecho limitado hoy por la imperfección del mundo y por nuestra libertad.

Pero los acontecimientos del mundo y nuestra propia vida no son algo cerrado en sí mismos. Y la súplica es ya fecunda en sí misma porque nos abre a ese Dios que está ya trabajando nuestra salvación definitiva por encima de todo mal.

Si nosotros oramos a Dios no es para lograr que nos ame más y se preocupe con más atención de nosotros. Dios no puede amarnos más de lo que nos ama.

Somos nosotros los que, al orar, nos dejamos transformar por su gracia, descubrimos la vida desde ci horizonte de Dios y nos abrimos a su voluntad salvadora. No es Dios el que tiene que cambiar sino nosotros.

La humilde mujer cananea, arrodillada con fe a los pies de Jesús, puede ser una llamada y una invitación a recuperar en nuestra vida el sentido de la súplica confiada al Señor.

 

PALABRA DE DIOS

Lectura del Profeta Isaías 56, 1.6-7

Esto dice el Señor: «Observad el derecho, practicad la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar. A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que observan el sábado sin profanarlo y mantienen mi alianza, los traeré a mi monte santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración; sus holocaustos y sacrificios serán aceptables sobre mi altar; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».

Salmo 66.

R/. Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

 V/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R/.

V/. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

 V/. Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le

Lectura de la Carta de Pablo a los Romanos 11, 13-32

Hermanos: A vosotros, gentiles, os digo: siendo como soy apóstol de los gentiles, haré honor a mi ministerio, por ver si doy celos a los de mi raza y salvo a algunos de ellos. Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

En efecto, así como vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios, pero ahora habéis obtenido misericordia por la desobediencia de ellos, así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que se os ha otorgado a vosotros, para que también ellos alcancen ahora misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

 V/. Jesús proclamaba el Evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. R/.

+ Lectura del santo Evangelio según S. Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada.

Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

 

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