BOLETIN PARROQUIA DE LOS SAGRADOS CORAZONES.MADRID

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PARROQUIA SAGRADOS CORAZONES

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Nº 523 – 27 de Octubre de 2019 – XXX Domingo T.O. / C

EL FARISEO Y EL PUBLICANO

Es un tópico, pero es verdad. Estamos viviendo en una «sociedad permisiva» en la que hay tal maraña de opiniones sobre los comportamientos humanos, que fácilmente se carece de reposo y luz suficientes para calibrar la verdad de los distintos modos de orientar la vida.

Quizá los cristianos somos los más zarandeados en esta situación. Primeramente porque, cada día, encontramos en los medios de comunicación noticias o comentarios que presentan como anticuados los valores evangélicos. Y, en segundo lugar, porque nosotros mismos sentimos la tentación de dejarnos llevar por la opinión mayoritaria y olvidar el Evangelio.

Precisamente, la lectura evangélica nos ayuda a discernir en este estado de confusión. Una simple ojeada a la misma nos lleva inmediatamente a la conclusión de que, para Jesús, no todos los caminos son iguales y ni todos conducen al mismo destino.

Desde luego, ninguno de los dos personajes de la parábola tienen algo que ver con la moral permisiva actual, pero sí que partían de visiones religiosas radicalmente distintas y, por ello, nos pueden ayudar al aludido discernimiento. Es frecuente presentar estos personajes como representantes de la soberbia (el fariseo) o de la humildad (el publicano). Es una visión moralizante que quita garra a la parábola. Se trata, más bien, del fariseo que se siente seguro de su propia integridad moral y sin necesidad de ayuda divina y del publicano que sólo confía en la misericordia de Dios. La conclusión de la parábola desautoriza la permisividad actual al manifestar que a cada comportamiento corresponde un destino distinto.       Palabra de Dios

 Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-18

EL Señor es juez, y para él no cuenta el prestigio de las personas. Para él no hay acepción de personas en perjuicio del pobre, sino que escucha la oración del oprimido. No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento.

Quien sirve de buena gana, es bien aceptado, y su plegaria sube hasta las nubes. La oración del humilde atraviesa las nubes, y no se detiene hasta que alcanza su destino. No desiste hasta que el Altísimo lo atiende, juzga a los justos y les hace justicia. El Señor no tardará.

Salmo 33. R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

V/. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

 V/. El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R/.

 V/. El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. R/.

Lectura de la 2ª Carta a Timoteo 4,6-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta! Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.

El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya… Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Aleluya.

 + Lectura del santo Evangelio según S. Lucas 18, 9-14

 En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:

«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.

El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

– RINCÓN LITÚRGICO

IGLESIA:

Del griego ekklesía: reunión (asamblea) de los ciudadanos convocados para un fin concreto (ekklaleín: llamar, convocar)

+ En el Antiguo Testamento: qahal Yahvé, asamblea del pueblo convocado por Dios.

+En el Nuevo Testamento: la asamblea cristiana: el pueblo de los cristianos convocados por Dios.

De ahí vino después a designar el edificio o casa donde se reúne el pueblo de Dios. Las iglesias o templos surgieron hacia mediados del siglo III al crecer el número de los cristianos, que antes se reunían en las casas, “iglesias domésticas” (domus ecclesiae: “casa de la asamblea o casa de la iglesia”)

– A TENER EN CUENTA

Recaudación del DOMUND: 6.491 euros

Muchas gracias por vuestra generosidad

 

 

 

 

 

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