BOLETIN DE LA PARROQUIA SAGRADOS CORAZONES

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PARROQUIA SAGRADOS CORAZONES

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Nº 531 – 21 de Diciembre de 2019 – IV Domingo de Adviento / A

“CREER EN NAVIDAD”

En algunas ocasiones se nos puede plantear esta cuestión: ¿en qué creen los que no creen? No cabe duda de que se trata de una buena pregunta, como también lo es: ¿en qué creen los que creen? No se trata de un juego de palabras, sino de preguntas que apuntan a lo más profundo del hombre.

Si hay un tiempo propicio para responder a tales cuestiones las dos a la vez, ese es el de Navidad; pues tanto los creyentes como los que confiesan no serlo se ven envueltos por un mismo clima, viven de él y actúan bajo su influjo. Unos creen que la Navidad es la presencia del amor salvador de Dios entre nosotros y otros piensan que es un despertar cíclico de los más nobles sentimientos de la conciencia colectiva en gran parte de la humanidad.

Aunque no sea fácil llegar al fondo de lo que realmente sucede en Navidad, por la superficial y a veces corrosiva influencia de la sociedad de consumo, lo mejor de ella siempre se abre camino en el corazón de los que creen y en el de los que no creen. El dulce encanto de la solidaridad, de la paz, de la alegría y del amor se abre camino en el corazón de los seres humanos, o bien con una adoración agradecida al Niño Dios o con una nostalgia escondida, aparentemente sin nombre y sin forma, pero que, si se pudiera ecografiar, tendría con seguridad el mismo rostro del Niño de los creyentes. Lo que pasa dentro de ellos tiene el mismo origen: la iniciativa de un Dios, al que no le importa hacerse humano para que crezca en nosotros la simiente de lo divino.

Amadeo Rodríguez, Semanario «Iglesia en camino»

 

PALABRA DE DIOS

LECTURA DEL PROFETA ISAIAS 7, 10-14

 

En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo: «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Ajaz: «No lo pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Isaías: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».

SALMO  23. R/. Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria.

V/. Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R/.

 V/. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R/.

V/.  Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Este es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

LECTURA DE LA CARTA DE SAN PABLO A LOS ROMANOS 1,1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor. Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados por Jesucristo. A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Aleluya… Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, “Dios-con-nosotros”. Aleluya.

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS 1,18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

– RINCÓN LITÚRGICO

Ciclo NAVIDAD – EPIFANÍA

Este tiempo litúrgico, acabado el Adviento, se inicia la víspera de la Natividad del Señor y se cierra con el Bautismo del Señor, domingo después de Epifanía.

La fiesta de la Navidad surge, hacia el siglo III, como cristianización, superación y potenciación de las fiestas paganas de dios Helios (natalis solis invicti), que se celebraban en el solsticio de invierno: Jesús es la verdadera luz y el verdadero sol de justicia, la luz sin ocaso, el creador, siempre invicto, del sol visible.

También la Epifanía, de origen oriental, sustituyó una fiesta pagana en honor del sol, de forma que ambas fiestas: Navidad y Epifanía, celebraban el mismo misterio: apparitio Domini in carne, manifestación del Dios en la carne. Con el tiempo, la Epifanía o Teofanía tomó un contenido distinto como revelación de Jesús a los pueblos gentiles o paganos, simbolizados en los Magos de Oriente, poniendo así de relieve la universalidad de la salvación.

En realidad, todo este tiempo, con su diversidad de fiestas y variedad de lecturas, es una epifanía, o sea, un desvelamiento paulatino del misterio de la Navidad. Esta revelación se completa primero con la fiesta del Bautismo de Jesús y, después, con su Presentación en el Templo: epifanía del día 40 (2 de febrero)

                                                  A TENER EN CUENTA

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