Bautismo del Señor: ‘Tú eres mi Hijo amado’

Bautismo del Señor: ‘Tú eres mi Hijo amado’

Bautismo del Señor. Es una nueva ‘epifanía/manifestación’ de Jesús: su proclamación como Hijo de Dios, pues, según nos relatan los evangelios, en su bautismo en el Jordán se oye una voz del cielo: ‘Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco’…

Bautismo del Señor. Es una nueva ‘epifanía/manifestación’ de Jesús: su proclamación como Hijo de Dios, pues, según nos relatan los evangelios, en su bautismo en el Jordán se oye una voz del cielo: ‘Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco’.

    Jesús, tras esta manifestación, inicia la misión que el Padre le ha encomendado: anunciar y hacer presente el reino de Dios.

   Finalizado el tiempo navideño, durante el que hemos ido contemplando la buena noticia de que Dios se ha hecho hombre, comenzaremos el Tiempo litúrgico Ordinario, durante el que iremos haciendo memoria de cómo fue realizando Jesús la misión que se le había confiado.

   San Pedro, en el libro de los Hechos de los Apóstoles (2ª lect.), hace una síntesis insuperable de la vida pública de Jesús y de cómo fue cumpliendo su tarea de extender el reino de Dios: Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

   Así fue la vida y actividad de Jesús: hacer el bien y curar a los oprimidos por el mal tanto físico como psíquico o espiritual. Jesús no permaneció indiferente a las situaciones de sufrimiento y de injusticia; todo lo contrario, ya que se desvivió para remediar el dolor de las personas y hacer el bien. Basta con abrir los evangelios para comprobarlo.

   Celebrar el bautismo de Jesús debe llevarnos a revivir nuestro propio bautismo que tiene una gran semejanza con el de Jesús. Podríamos decir que en el bautismo cristiano se repite la escena del bautismo de Jesús, pues si en el Jordán el Padre declara a Jesús su Hijo amado y predilecto, también nosotros en las aguas bautismales somos declarados hijos de Dios: Considerad el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre: hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos (1 Jn 3, 1).

   ¿Vivimos con gozo esta insospechable realidad de que somos hijos de Dios, que nos debe llevar a vivir como Jesús vivió y continuar su tarea de ‘pasar haciendo el bien’?

   Jesús de Nazaret, dice el libro de los Hechos, fue ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Nosotros también, en el bautismo y y en la confirmación, somos elegidos y ungidos con el don del Espíritu Santo para continuar la tarea de Jesús. El comportamiento de Jesús debe ser el espejo en el que debe mirarse la Iglesia, la parroquia y cada uno de nosotros para vivir con él vivió: pasar haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal.

   ¿Nos miramos en el espejo de la actuación de Jesús?

 

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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