ASCENSIÓN DEL SEÑOR: ‘¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?’

ASCENSIÓN DEL SEÑOR: ‘¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?’

  La riqueza del acontecimiento de Pascua es tal que la Iglesia celebra sus dimensiones más significativas en tres grandes festividades: Resurrección-Ascensión-Pentecostés…

   La riqueza del acontecimiento de Pascua es tal que la Iglesia celebra sus dimensiones más significativas en tres grandes festividades: Resurrección-Ascensión-Pentecostés.

   La resurrección proclama que el Crucificado ha resucitado y vive  entre nosotros. La Ascensión, empleando un lenguaje simbólico espacio-temporal  y lleno de alusiones al Antiguo Testamento (Jesús, nuevo Elías, es arrebatado al cielo; los 40 días, la nube …) pretende que experimentemos que Jesús no solo sigue vivo sino que ha sido glorificado, que ha entrado en la esfera divina y en su inimaginable plenitud,  que Jesús está con Dios y es Dios.

   El Credo recoge el mismo lenguaje del Nuevo Testamento: Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios.  Esta confesión de fe no  pretende localizar el cielo como la parte superior del firmamento; es solo una imagen del cielo de verdad, que no es un lugar, sino una nueva e insospechada forma de existir en Dios.

   A los apóstoles esta experiencia de Jesús Resucitado y Glorificado les causó una impresión tan honda que les dejo como ‘pasmados’, ensimismados y absortos en la contemplación del misterio divino de su Maestro.  El libro de los Hechos lo expresa así: Mientras miraban  fijos al cielo, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco que los sacaron de su arrobamiento: ‘Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? Entonces comprendieron que su misión era comunicar a los demás la experiencia que ellos gozaban, siendo testigos del Señor ‘en el mundo entero y proclamando el Evangelio a toda la creación’.

   El mensaje de la fiesta de la Ascensión del Señor es, en primer lugar, un mensaje de enorme esperanza: ‘Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo… ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama’, nos dice san Pablo.

   Ni el mal y ni la injusticia, ni el dolor ni la muerte tienen la última palabra sobre la humanidad y la creación. Al contrario: Por  Cristo, con él y en él caminamos hacia la plenitud; pero, nosotros, creyentes, no podemos quedarnos ‘pasmados’, plantados mirando al cielo, gozando del triunfo de Jesús y de la certeza de que ‘nuestra vida no termina, sino que se transforma’. Nuestra fe en Jesús Resucitado y Glorificado debe impulsarnos a extender esta Buena Noticia. Quien de verdad cree en Jesús, el Señor, es misionero por todas partes, allí donde se encuentre: familia, vecindad, trabajo, colegio, universidad…

osvaldo Aparicio, ss.cc.
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