ACCIÓN DE GRACIAS POR LA BEATIFICACIÓN DEL P. MARIO ROS EZCURRA

ACCIÓN DE GRACIAS POR LA BEATIFICACIÓN DEL P. MARIO ROS EZCURRA

El 30 de abril la familia del P. Mario Ros Ezcurra, ss.cc., organizó una fiesta de Acción de Gracias por su beatificación … Asistieron Conrado, Manuel y osvaldo en representación de la comunidad …

FIESTA DE ACCIÓN DE GRACIAS

POR LA BEATIFICACIÓN DEL P. MARIO ROS EZCURRA

El 30 de abril la familia del P. Mario Ros Ezcurra, en su finca de Gorraiz (Pamplona) organizó una fiesta de Acción de Gracias por la beatificación de los Mártires del siglo XX en España, entre los cuales están los PP. Teófilo, Isidro, Gonzalo, Eladio y MARIO, religiosos de nuestra Congregación de los Sagrados Corazones y que están inhumados en nuestra parroquia.

Fue invitada la comunidad religiosa de nuestra parroquia y, en su representación, asistieron Conrado, Manuel y Osvaldo, quien presidió la Eucaristía como vicepostulador de la Causa.

Antes de la Misa fue bendecido el oratorio dedicado al beato P. Mario y se entronizó el Sagrado Corazón. La fiesta concluyó con una fraternal comida en el Castillo de Gorraiz.

Este es el texto de la homilía:

Estamos viviendo el tiempo de Pascua. Jesús Resucitado, como a los apóstoles, nos dice: ‘Sed mis testigos’ donde quiera que estéis y sean cuales sean las circunstancias que os toque vivir. Os prometo que, para ello, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo.

Nos cuenta el libro de los Hechos (4,33) que ‘los apóstoles daban testimonio con gran valentía de la resurrección de Jesús, el Señor’. Fueron ellos firmes y valientes testigos de Jesús en medio de un ambiente hostil y de persecución. Porque los discípulos, a pesar de las prohibiciones, no dejaban de anunciar con valentía que sólo en el nombre de Jesús está la salvación: ‘El sumo sacerdote y todos los de su partido, el grupo de los saduceos, llenos de rabia prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública’ (5,17-18).

Ya se lo había advertido Jesús: ‘Llegará un momento en que os quiten la vida … Os lo digo de antemano para que, cuando llegue la hora, recordéis que ya os lo había anunciado yo’ (Jn 16,2-4).

Muchos de nosotros participamos gozosamente en Tarragona, el día 13 de Octubre de 2013, en la Beatificación de 522 Mártires del siglo XX en España, entre los que había cinco de nuestra Congregación de los Sagrados Corazones: los Padres Teófilo, Isidro, Gonzalo, Eladio y, el benjamín del grupo (sólo tenía 26 años y el sacerdocio recién estrenado), nuestro querido Padre Mario Ros Ezcurra. Fueron beatificados como broche final del Año de la Fe. Seguramente recordáis cuál fue el lema de la beatificación: ‘Firmes y valientes testigos de la fe’.

Benedicto XVI, en su carta apostólica Porta fidei con la que convocó el Año de la Fe, nos proponía el ejemplo de los mártires: ‘Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores’ (P.F. 13).

‘¿Quiénes son los mártires?’, se preguntaba el Papa Francisco en el mensaje que nos dirigió el día de la beatificación. Él mismo se respondía, diciéndonos: ‘Los mártires son cristianos ganados por Cristo, discípulos que han aprendido bien el sentido de aquel <> que llevó a Jesús a la Cruz. No existe el amor por entregas, el amor en porciones. El amor total: y cuando se ama, se ama hasta el extremo. En la Cruz, Jesús … entregó la vida. Cristo nos <> en el amor; los mártires lo han imitado en el amor hasta el final’.

Leemos en el evangelio de san Juan: ‘Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos’ (15,13). Así es como nos amó Jesús, y ese mismo camino siguieron los mártires: entregaron la vida por amor y fidelidad a aquél a quien amaban entrañablemente y que era el centro de sus existencia, Jesús.

Cómo no recordar, en prueba de la fidelidad total de los mártires a su Amigo y Maestro Jesús, la actitud de nuestro querido Padre Mario durante el último mes de su vida. Al estallar la guerra tuvo que buscar cobijo en la madrileña pensión ‘María Isabel’, regentada por sus tíos, familiares vuestros también. Su tía Paulina Larumbe cuenta haber oído frecuentemente decir a su sobrino ‘que él nunca negaría que era sacerdote y religioso aunque le mataran’. Recordáis también su entereza en la checa de Bellas Artes, la más dura de Madrid y en la que le condenaron a muerte el 14 de agosto de 1936. Ante el tribunal declaró con valentía ‘que era religioso de los Sagrados Corazones’.

El Padre Mario se declaró con valentía a favor de Jesús; por eso, también Jesús se declaró a favor de él ante Dios Padre: ‘Si alguien se declara a mi favor delante de los hombres, yo también me declararé a su favor ante mi Padre celestial’ (Mt 10,32).

El testimonio firme y valiente de los mártires tiene que servirnos de ejemplo y debe animarnos a imitarles. Ellos vivieron el testimonio de sangre, el testimonio ‘rojo’, por las especiales circunstancias de persecución y de violencia en que les tocó vivir; nosotros estamos llamados a dar testimonio en el día a día, el testimonio ‘blanco’, siendo testigos de la fe en un mundo indiferente, alejado y que vive con frecuencia de espaldas a Dios, y que, incluso, a veces, es hostil a la fe.

El Papa Francisco nos decía el día de la beatificación: ‘¡Imitemos a los mártires! Siempre hay que morir un poco para salir de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, de nuestro bienestar, de nuestra pereza, de nuestras tristezas, y abrirnos a Dios, a los demás, especialmente a los que más lo necesitan. Imploremos la intercesión de los mártires para ser cristianos concretos, cristianos con obras y no de palabras; para no ser mediocres, cristianos barnizados ce cristianismo, pero sin sustancia; ellos no eran barnizados, eran cristianos hasta el final; pidámosles su ayuda para mantener firme la fe, aunque haya dificultades, y seamos así fermento de esperanza y artífices de hermandad y solidaridad’.

Para finalizar volvamos nuestra mirada hacia la lectura del Apocalipsis que hoy hemos proclamado y que nos ha invitado a contemplar ‘una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del Cordero con vestiduras blancas y con palmas en sus manos’.

El Cordero que está de pie junto al trono de Dios, simboliza a Jesús, muerto y resucitado victoriosamente. Las vestiduras blancas y las palmas de la innumerable multitud son señal de victoria y de triunfo. El ángel nos explica que quienes integran la muchedumbre ingente ‘son los que vienen de la gran tribulación’, de la persecución, de aquellos que, como nos dice hoy Jesús en el evangelio, han preferido perder su vida por Él: ‘El que pierde su vida por mi causa, la salvará’.

Las visiones del Apocalipsis han sido escritas para que las visualicemos en nuestra imaginación y las contemplemos. Por eso, os invito a que, durante unos momentos de silencio, cerremos los ojos y pongamos rostros a quienes integran la muchedumbre ingente y victoriosa, que veamos en ella a los mártires y, muy especialmente, a nuestro querido P. Mario.

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